martes, 27 de septiembre de 2011

El largo invierno

Moscú tras el Asalto al Palacio de Invierno en Petrogrado (1917)
Elijo esta foto por molestar, no le deis más vueltas
Tan largo fue el verano y tan profusos sus calores que nadie percibió que su razón estaba nublada. Fue bonito tener un culpable, fueron años de algarabía para una turba que encontró a quién atacar, una turba que nacida para herir, se nutrió de la miasma desprendida de su furia.
El quinto Virrey de aquella tierra tan inhóspita como refulgente llegó con ganas de agradar, cargado de buenas intenciones se puso rápido a la faena provocando el estupor de algunos. Don Borceguí, encontró un lugar dónde siempre lucía el sol, durante los años anteriores a su virreinato, su predecesor se había ocupado con ahínco de crear una luminosidad artificial que mantenía al pueblo cegado y convencido de vivir en una opulencia que en realidad brillaba por su ausencia. Tanta luz veían los babequienses que se afanaron en construir túneles y madrigueras, construían y construían para morar en ellas con una falsa sensación de seguridad y pertenencia. El Virrey Ranza, antecesor de Borceguí, había creado el clima propicio para que sus súbditos vivieran aletargados con su ansía perforadora mientras él urdía planes y se entretenía guerreando junto a sus aliados de Titán, un pueblo poderoso y admirable aunque gobernado en aquella época por un rufián sin parangón, pero eso es otra historia. En fin, estaba Ranza inmerso en sus planes de crear una nueva estirpe poderosa que perdurase en el tiempo, preparaba el asalto definitivo a la conciencia babequiense, había planeado incluso una nueva educación ranciana sólo accesible a algunas élites, pero Ranza, casó a su hija con un multiplicador de salitre y decidió organizar las cosas para dedicarse a otros menesteres más lucrativos.
Hago un inciso en la narración para explicar que en Babieca, la sal era de extrema importancia, con ella sobre todo se compraban madrigueras y se excavaban túneles, el problema es que no había sal para todos, aunque todos creían poseerla porque había unos silos en los que una vez depositada esta se reproducía generando más sal. Durante un tiempo remoto, esta estructura fue útil porque los depósitos servían para financiar la explotación de otras minas que generaban sal de buena calidad, sin embargo el nuevo sistema había provocado la falsa creencia de que en los túneles y madrigueras también brotaba sal y que esta adquiría valor con el tiempo. No se dieron cuenta de que en su lugar se estaba generando un salitre putrefacto de escaso valor para el consumo humano.
Ranza, sí sabía la verdad, por eso era Virrey, pero cometió un error, la hipnosis colectiva que creía haber instaurado, no era tal y a pesar de haber organizado su sucesión nombrando a su fiel y dócil paladín Yojar se encontró de un día para otro con el ascenso imprevisto de su odiado Borceguí. Hacía tiempo que los babequienses elegían los virreyes, esto a Ranza nunca le gustó, como demostraban algunos de los escritos de su tierna juventud durante el largo mandato de un sanguinario adalid.
El caso, volviendo al inicio de nuestra fábula, es que llegó Borceguí para júbilo de la mayor parte de los babequienses, no en vano lo habían decidido así. Pero un reducto de furibundos agoreros seguidores de Ranza decidieron convertir el aire de Babieca en vapor sulfuroso y persiguieron a Borceguí hasta la extenuación. Borceguí, mientras tanto se empeñaba en hacer más libres a los babequienses, les otorgaba derechos hasta entonces impensable, modernizaba las estructuras de babieca y procuraba que sus habitantes viviesen en armonía a pesar de que algunos se sentían distintos por herencias históricas de sus tatarabuelos. Cuanto más intentaban hundir a Borceguí, más valeroso se sentía este y el pueblo parecía acompañarle, como así demostró en una ocasión en que debió decidir si seguía o le daban paso a Yojar. Pero Don Borceguí cometió dos errores, no cambió a tiempo, no se sabe aún si por no poder o no saber, el extraño sistema de túneles, madrigueras y almacenes de sal. Tampoco supo detectar el hundimiento de ese ficticio ecosistema mientras todos los territorios colindantes se veían afectados en mayor o menor medida por el mismo mal.
Llegó un día en que se dejó de excavar, la sal realmente nunca se reprodujo pero ahora todos lo sabían porque los responsables de los silos no les daban más, ni siquiera aceptaban a cambio que les entregasen las madrigueras que se acumulaban vacías. Pero como el infortunio va por barrios, no dejaba de ser asombroso como la turba vibraba de alborozo al ver como babequienses bienintencionados se rebelaban a Borceguí, parecía que gozaban con la destrucción de Babieca, aunque el pensamiento colectivo e irracional de la turba es muy peculiar, hubo un tiempo en que incluso desde el ágora maldecían al mismísimo Yojar.
Y llegó el turno Yojar, y retrocedió todo lo positivo que había construido Borceguí, y mantuvo todos los errores del pasado y se hizo la oscuridad en Babieca y llegó el frío. Los túneles y madrigueras se habían desplomado, la gente enfermaba pero solo se les curaba a cambio de sal aunque cada vez había menos.
El largo invierno se cernió sobre Babieca y Yojar se preguntó por qué no fue capaz de agradar a todos, por qué sus recetas no funcionaban, por qué no ayudó a Borceguí cuando aún estaban a tiempo y por qué ni los suyos le querían. A Yojar, pronto le salieron enemigos entre sus colaboradores más cercanos y Yojar se hundió en su castillo de papel preguntándose cómo era tan difícil gobernar. Mientras tanto, los babequienses se revolucionaban, en esta ocasión con razón, mas sabiendo que ellos también fueron responsables de la sinrazón.
Dicen las malas lenguas, que un oráculo intentó por todos los medios impedir el desastre, incluso se ofreció  a escuchar y trabajar pero la ceguera de Babieca era crónica, estuvieron tan acostumbrados a conseguir todo por la vía rápida que no se dieron cuenta de que darle una oportunidad al oráculo era un paso necesario para lograr anhelos mayores.
Esta fue la historia de Babieca, o un sueño delirante, o quizás un chiste de mal gusto, o simplemente fantasía...



Con afecto y osadía,
este narrador se despide,
pero le diré a vuesa señoría
que lo que usted pretendía
no era más que una utopía...
Más, como en ella quiero creer,
diré para encauzar la utopía,
que el primer paso a mi parecer,
sería lograr,
que la utopía real
fuese para él gobernar.

PD: Esto no fue más que una juglaría y cualquier parecido con la realidad es casual, ya que en el mundo real, el final no está escrito y sólo depende de nuestra capacidad de ver, oír y actuar.


martes, 20 de septiembre de 2011

Dormidos

Información sobre el cuadro en Artelista
Algunos duermen sobre el colchón de un supuesto éxito escasamente ponderado. Otros duermen con la seguridad de unos razonamientos no razonados. Muchos duermen con la certeza de unas creencias no contrastadas. Hay tantas personas que duermen entre semana y sólo despiertan el domingo para ver a su equipo de fútbol que no sé ni como definirlo. Existen políticos que deciden dormir indefinidamente a la espera de una victoria que dan por segura, no sé si despertarán pero si lo hacen ya no podrán huir de una pesadilla muy real que son incapaces de resolver. Algunos periodistas creen estar despabilados, sin embargo, escriben bajo la somnolencia que les provoca la subjetividad de su ideología o la línea editorial de quien les paga. Veo a diario como hay hombres que viven tan aletargados bajo los gases soporíferos de una relación de pareja que creen perfecta que no despiertan ni cuando su pareja les abandona. Miremos a esos padres cuyo orgullo por la supuesta excelencia de sus hijos provoca que no se desvelen con las señales de alerta hasta que el incendio ya es incontrolable. Observemos a esos amigos que un día se sorprenden de nuestra lejanía cuando llevan años disfrutando de un reposo que les ha impedido dedicarnos ni un minuto. Me fascina esa iglesia inmisericorde que pierde acólitos cada segundo mientras reside en un entorno onírico que tiñen de falso realismo reuniendo a jóvenes para alabarles. Y si todavía os queda cuerpo, podéis encolerizaros al presenciar como un tercio del planeta duerme plácidamente a la sombra de los mercados mientras los dos tercios restantes permanecen insomnes y esperan con el estómago vacío a que se encienda una alarma que parece nunca sonar.
Otros nacen con la maldición del desvelo constante, parecen llevar de serie un separador de párpados que, a imagen de aquel chico de La Naranja Mecánica, les impide abstraerse de la maldad, de la injusticia, de la mentira y del desatino global que les rodea. Entre estos, hay algunos que no pudiendo soportar la presión de la vigilia acaban cayendo en el sueño de la locura. Otros no sólo están atentos sino que además tienen la fortuna de poder dedicarse a cambiar las cosas aunque a menudo la poltrona les produce sopor y acaban formando parte de los durmientes. Los demás, escribimos un blog.
Aunque hoy, sólo me preocupas tú. Tú que según tu abuelo siempre fuiste de natural despierto, tú que has sido padre, madre, emprendedor y amigo, tú que mañana dormirás. Durante unas horas gozarás de la siesta más reparadora que jamás hayas tenido, tranquilo, relajado, ausente pero presente. Soñarás con tu amor, con tus hijos, con tus nietos, con tus amigos y con todos los que más que quererte, te amamos. Disfrútalo, nosotros estaremos allí vigilando tu sueño. Después, abrirás los ojos y descubrirás con tu corazón renovado todas las cosas nuevas que quedan por hacer, los viajes pendientes, los juegos infantiles, los paseos por la playa, las excursiones por el campo, los cuadros sin pintar... Tendrás un corazón renovado, sí, pero no mejorado, porque eso es imposible.
Ahora lo demás no importa, tú duerme que nosotros te esperamos despiertos.

PD: Jueves 22 de Septiembre. Ya estás despierto, tu valentía y buen humor en este trance serán imposibles de olvidar. Sigues siendo un ejemplo, hoy más que nunca. Te quiero, pero eso ya lo sabes.

martes, 13 de septiembre de 2011

Mañana más

Se habla de este hombre y la vigencia de sus ideas
Blogger me da la opción: "Alinear a la izquierda"
Queréis cambiar el mundo, soñáis con una nueva sociedad, ansiáis más democracia, reclamáis justicia, exigís transparencia y lucháis por acabar con el bipartidismo o los partidos tal y como están diseñados.
Es muy sano, es muy justo y es muy loable.
(Antes de seguir leyendo sugiero arrancar el vídeo, la música hoy ilustra el post)
Espero que desde la cercanía ideológica, la simpatía personal y la admiración que sentí desde el inicio por un movimiento que aún hoy me conmueve, me permitáis explicaros lo que pienso que puede suceder mañana. So pena de parecer un agorero y a sabiendas de que ningún partido se lanzará a la campaña del miedo, debo dar rienda suelta a mis sensaciones y temores con la misma libertad que vosotros promulgáis vuestros deseos.
Queréis reventar lo que algunos definís como una dictadura partidista, no queréis que dos grandes partidos se sigan repartiendo el poder. Pues bien, no hay que preocuparse porque dentro de poco, nos levantaremos un buen día y el sistema habrá cambiado. Nos sorprenderá ver que el monopartidismo se ha arraigado, que un sólo partido controla la mayor parte del poder municipal, casi todo el poder autonómico y por supuesto el gobierno con mayoría absoluta. Cuando esto ocurra, parece que no tardando mucho a tenor de las encuestas, espero que nadie se eche las manos a la cabeza preguntándose cómo hemos llegado a este punto tan lejano de las aspiraciones revolucionarias. Lo justo, entonces, será detenerse y reflexionar, que cada uno asuma su propia responsabilidad, ya no habrá lugar para lanzar balones fuera y buscar culpables en el exterior, un adulto debe ser consecuente con sus actos y decisiones. Conviene recordar que a pesar de ser críticos con la aritmética dhontiana, yo lo soy, actualmente, en las cortes generales de nuestro país están representadas catorce opciones políticas y en los parlamentos autonómicos hay cuarenta y dos grupos. No estaría de más asomarse un poco a los parlamentos del resto de países de la OCDE, por ejemplo, para poder decidir si nuestra democracia es más o menos plural que la de los demás.
Queréis democratizar la justicia, en pocas semanas, despertaremos con un cambio lógico en el poder judicial, sería pueril pensar que la mayoría monopartidista aprovechará su fuerza legislativa para profundizar en la separación de poderes. Hacer valer su peso en esta institución será algo a lo que sin duda no renunciarán habida cuenta de los procesos que tienen pendientes, cosas más raras se han visto en otras latitudes. Quizás pensáis que se servirán de su holgada representación parlamentaria para buscar consensos que lleven a la modernización de los aspectos constitucionales obsoletos que algunos reclamamos, quizás soñáis con que la supuesta estabilidad institucional que otorgan las mayorías absolutas fomentará el diálogo y la cohesión social. Bueno, nunca se sabe y sabido es que la utopía me inspira pero nunca he sido de ciencia-ficción.
Queréis una sanidad universal pero en pocos años, nos pondremos enfermos al observar el nuevo mundo surgido con nuestra inestimable colaboración y deberemos acudir al médico. Ese día, no olvidemos llevar nuestra tarjeta de crédito para pagar la consulta, el copago se habrá convertido en un mal necesario para el mantenimiento de nuestro sistema de salud pública, se habrá aprobado en las cortes sin mayor oposición ni enmienda posible. Tras cuatro visitas decidiremos que nos sale más rentable adquirir un seguro privado, las subvenciones fomentarán el crecimiento de lujosas clínicas y de paso reactivarán el sector de la construcción que tantas alegrías nos ha dado. Antes de darnos cuenta, los médicos abandonarán el sector público que sólo dará cobijo a los pocos inmigrantes que hayan conseguido seguir aportando su fuerza de trabajo al crecimiento de nuestro "gran país", si tienen la poca fortuna de sufrir un ingreso hospitalario, al alta, deberán abonar la factura de la parte proporcional de agua y luz consumidas.
Queréis una educación laica, gratuita y de calidad, mientras la seguís reclamando, nuestros hijos deberán conformarse con estudiar en un colegio religioso concertado, aunque queramos hacinarles junto a cincuenta compañeros en aulas en las que los profesores de latín imparten griego y los de matemáticas explican física, la lejanía de los pocos centros públicos que sobrevivan impedirá que podamos optar, será incompatible con el trabajo llevarles y recogerles, si es que hemos recuperado el empleo, claro. Al tiempo que crece el fracaso escolar entre los que no se pueden permitir una escuela privada, crecerá el éxito de estos últimos a pesar de que sus habilidades curriculares hayan dejado de ser contrastables. Después será imposible diferenciar a los alumnos brillantes de los mediocres porque los nuevos dirigentes empresariales y políticos del país serán los herederos de los que ya lo fueron. El resto, no adquirirá la formación suficiente ni para plantearse que otro mundo es posible ni para protagonizar nuevas revoluciones. Veo las ofertas laborales del futuro: "abstenerse candidatos provenientes de la escuela y universidad públicas".
Tengo las mismas preocupaciones, podría compartir el fondo pero discrepo en la forma.
Nada de esto se consigue de un día para otro, quedan 69 jornadas de reflexión, un número mágico para callar y escuchar, para saber quién o quienes proponen sentar las bases que sostengan el añorado cambio pero sobre todo para dilucidar quién o quienes no tienen ninguna intención de llevarlo a cabo.
Sería triste ver que la indignación se convierte en complicidad, Hessel no se refería a eso.
Sería nefasto que la reacción fuese caldo de cultivo de reaccionarios, Sampedro no se refería a eso.
Se trata de progresar o conservar, de ir o volver.
Por supuesto que no se trata de regalar el voto a nadie pero si se lo prestamos a unos se lo quedarán y si lo damos a otros aceptarán nuestras condiciones de intercambio temporal.
Yo no necesito jornada de reflexión, creo saber lo que debo hacer y creo saber lo que no debo hacer, pero lo que no haré en ningún caso será criticar a ninguna opción de progreso ni pondré piedras en su camino, a mí el único CIS que me interesa es el que dice que una mayoría de la sociedad se identifica con posiciones de izquierdas.
Podemos pues pasarnos cuatro años en las barricadas para convertirnos en auténticos miserables o utilizar el sistema vigente para construir uno nuevo.



El 15 de Mayo me llevé una de las más gratas sorpresas de mi vida al presenciar el mayor acto de responsabilidad, conciencia política y ciudadanía que mi aún joven memoria puede recordar. Espero levantarme la mañana del 21 de Noviembre con la misma sensación, evitar un cuatrienio absolutista debiera ser un objetivo común de los que sentimos que conseguir más democracia pasa por lograr más Europa, más cohesión, más solidaridad y más igualdad.
Los que piensan que otras recetas son más apropiadas, votarán unidos, sin fisuras y sin preocuparse sobre la idoneidad o predilección del candidato. Ellos hace meses que abandonaron la auto-crítica, si es que en alguna ocasión la hubo, porque están seguros de hacer lo correcto.
No pretendo que nadie esté seguro de nada, las turbulencias han complicado las certezas, me conformaría con sembrar la duda sobre lo que es más conveniente en el momento actual y sobre lo que se puede aproximar más a los avances utópicos que deseamos alcanzar.
Yo SÍ voto y mañana más, espero que sepáis perdonar mi osadía.

PD: El vídeo de Los Miserables de hoy es un homenaje a un amigo llamado @lacelda24601 o Jean Valjean o simplemente Javier, sus tribulaciones epatan y resultan inspiradoras aunque en ocasiones sean austeras. He elegido esta versión con subtítulos en japonés en homenaje a aquellos que parecen no enterarse de nada.




miércoles, 7 de septiembre de 2011

Once Susurros

En construcción, 1971
Fuente: Wikipedia
Todos recordamos el lugar exacto en el que nos encontrábamos aquél día. Para mí, todo comenzó con un grito, trabajaba en una distribuidora audiovisual, hecho irrelevante pero que justifica la presencia de monitores de televisión en la oficina. Era una mañana cualquiera, una de esas de septiembre en las que aún nos estamos desperezando del descanso estival, oí un chillido, un "¡joder, venid!" muy propio de mi jefe de aquel entonces, tenía el televisor encendido y allí vi como salía humo de una de las Torres Gemelas. Era habitual que visionásemos todo tipo de producciones para su distribución por lo que pregunté si era una peli. "Son las noticias" me dijo, entonces llegó el segundo avión, o por lo menos así lo recuerdo, con su estilo habitual y tras un cenicero repleto de colillas afirmó "Es la puta tercera guerra mundial".
Obviamente, el tipo era un voceras pero para mí todo empezó con un grito que después se transformó en un alarido global, en millones de voces clamando justicia, en un gigantesco e indignado lamento por las tres mil vidas perdidas.
¿Y después, qué?
Después, muchas cosas que sólo provocaron susurros.
Primero un recorte de derechos civiles aderezado con una fobia aeroportuaria que yo mismo sufrí el enero siguiente en Chicago, todos lo entendimos y callamos. Llegó la primera guerra a Afganistán, empezó rápida y hoy no ha terminado, 10 años después se han perdido allí 85.000 seres humanos, se acabó con el supervillano pero aún muere gente. ¿Indignación? Como mucho, un susurro.
Llegó el momento de Irak, porque tocaba, sin más. Alrededor, campaban a sus anchas decenas de dictadores que hoy están cayendo pero con este había deudas pendiente y llegó el momento de saldarlas, con o sin amparo internacional, con más o menos apoyo la jugada estaba decidida. El resultado fueron siete años de ignominia y 450.000 fallecidos. ¿Indignación? Alguna protesta que otra, pero en comparación al daño nada más que un leve susurro, sobre todo para algunos.
Mientras tanto se producía una segunda intifada que se llevaba a mil israelíes y casi seis mil palestinos, pero esto no provocó ni un susurro, como mucho un leve rumor.
Al mismo tiempo, nos llegaba un susurro sobre un hundimiento financiero en la lejana Argentina, pero como vivíamos en la opulencia e invertíamos todos en bolsa con una avaricia voraz sin antecedentes, no lo escuchamos, descubríamos su cine con Darín desesperado frente a la puerta de una sucursal bancaria desde nuestras cómodas butacas sabiendo que nosotros volveríamos a nuestra preciosa e hipotecada vivienda. ¡Qué ilusos!
Pero llegó la crisis, el miedo a la incertidumbre, los desahucios, la impotencia y el despertar. Parecía que íbamos a gritar ante el mayor desastre económico de la historia reciente, a vociferar pidiendo juzgar a los nuevos terroristas, especuladores sin escrúpulos que han mandado al carajo las casas y empleos de millones de personas. No nos engañemos, pocas cosas producen más terror en nuestro cómodo mundo occidental que perder el bienestar de un día para otro, esto también produce muerte, sin duda, pero al no haber suicidios colectivos y llamativos como en el año 29 hacemos oídos sordos mientras buscamos un nuevo Keynes redentor. Sí, nos manifestamos, nos entraron humos revolucionarios, nada, no es más que un susurro que no hiela la sangre como se nos heló aquel día, la indignación es otra cosa.
A la vez, los piratas nos ponían a prueba en las costas somalíes, nos sentíamos expoliados mientras otros nos robaban a espuertas, exigíamos respuestas, mano dura y protección. Durante el verano pasado no se habló de otra cosa hasta que llegaron nuestras heroicas fragatas a librarnos de un Barba Roja sin rostro. Vi alguna gente enfadada, sobre todo cuando les insinuaba que era consecuencia lógica de dejar perecer a su pueblo, que el problema era más profundo y que debíamos interpretar las señales. ¡Cómo se enojaban! Fue entonces cuando empecé a convertirme en un demagogo de mierda. Lo que ocurre, es que hoy, mientras asistimos impasibles a la agonía de un millón de seres en el cuerno de África (no digo almas porque Ratzinger ni está ni se le espera), aquellos irritados contertulios ni siquiera susurran, ni sienten, ni padecen.
En Bahrein los jeques siguen masacrando a su pueblo, nosotros les hacemos la pelota para conseguir su petróleo. Ni un susurro, excepto si se suspende un gran premio de Fórmula 1, claro.
En Irán se lapidan mujeres, se ajustician homosexuales, reina el silencio, nosotros susurramos con miedo.
En el mercado de Chicago se especula con alimentos, se  incrementan artificialmente los precios con la consiguiente carencia y al final, la muerte. Ni medio susurro, ni cuando un broker sin conciencia afirma que son "daños colaterales".
En Haití murieron 300.000 personas y nos pusimos la careta compungida para olvidar en semanas que ni las resoluciones se cumplen ni el dinero llega ni casi nada cambia. Tenemos otras urgencias y cuando desaparece la compasión obviamos su desgracia. En el décimo aniversario de la catástrofe, a diferencia de esta semana, no esperemos ni un homenaje ni un susurro. ¿Recordáis acaso hoy en qué año y mes fue?
¿Y el tsunami? 230.000 habitantes de nuestro planeta desaparecidos bajo una ola. Deseo que alguien me recuerde la efeméride, que me diga si se han erradicado las enfermedades que provocó, que me confirme que ya se reconstruyó todo, que me garantice que en Indonesia o Sri Lanka reina la felicidad y nadie recuerda ya el suceso. No podrá, los únicos que lo ignoramos somos nosotros, del ruido solidario de una ola gigante ya no queda ni el susurro de la brisa marina.
No pretendo restar protagonismo ni gravedad al acontecimiento que cambió nuestra escala de seguridades y valores, sólo quiero saber si algún día seremos capaces de alcanzar para todo la misma conciencia global que fuimos capaces de mostrar con este espeluznante suceso que no será historia mientras esté grabado en lo más profundo nuestras mentes, nuestros corazones y nuestras vidas.
Quizás llegue una época, en la que en vez de susurrar al oído del que opina lo mismo sobre la irresponsabilidad ajena difundamos a los cuatro vientos la nuestra propia, puede que hasta consigamos dejar de cuchichear buscando culpables para enfrentarnos a los problemas y ponernos a trabajar. Todo es posible.
Por el momento, pensemos en Nueva York, admiremos a Manhattan y a sus gentes porque nos pertenece un poco y pertenecemos a ella. Todos perdimos la inocencia aquella mañana, pocos almorzamos en España aquel Martes.



El padre de las maravillosas torres, Yamakasi, falleció en el 86, se libró de verlas sucumbir enterrando a miles de hermanos, hijos, padres y nietos. Nosotros ni podemos ni queremos olvidarlas, su imagen icónica debiera incrustarse en nuestras retinas como símbolo de la injusticia y de la locura para inspirarnos a rebelarnos contra la irracionalidad global imperante, sin susurros ni gritos pero con firmeza y convicción.

PD: Este post surgió inspirado por un documental falsario con la figura del ex-presidente de los Estados Unidos de América que tuve ocasión de ver la otra noche, me recordó al personaje de Zelig que interpretó Woody Allen aunque este era más convincente.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mi gran año cristiano

No sé si Dalí era cristiano o no, pero el arte es sólo arte
El Cristo de San Juan de la Cruz - 1951
Hace una semana, para mí, terminó un año y mirando atrás vi que una de sus características ha sido la alta dosis de cristiandad que aderezó gran parte de mi ocio.
Empecé mi periplo apostólico acercándome a la catedral de Santiago cómo suelo hacer todos años en el mes de agosto, siempre he dicho que el ateísmo no tiene nada que ver con la pasión por el arte y arquitectura que esta religión ha ido dejando a lo largo de los siglos, hoy ya sólo se construyen insípidas naves de ladrillo. Aprovecho la ocasión para solicitar que no usen nuestros impuestos para financiar semejantes bodrios arquitectónicos, cuando sea para rehabilitar la catedral me ofrezco voluntario... Sigo con mi visita, fue algo frustrante al no poder dedicarle el tiempo requerido por la muchedumbre que la abarrotaba al ser año Xacobeo aunque se compensó sociológicamente, observar el fervor religioso de cientos de personas reunidas en un mismo lugar es algo que siempre me deja atónito.
Ya de regreso comencé a deambular por eventos sociales de esos que suelen estar precedidos por ceremoniosos rituales ancestrales y suelen concluir con grandes ingestas de comida y alcohol, no deja de ser curiosa la necesidad imperiosa de pecar que se siente al salir de un templo. No miento si digo que durante el otoño y la primavera no me faltó de nada, asistí a bodas, bautizos, comuniones y funerales, creo que no desbarro si afirmo que hubo algún mes en el que asistí a la iglesia más veces que muchos fieles en todo el año. En fin cosas del respeto y la educación que debieran caracterizar nuestra convivencia.
Hasta aquí, todo habitual, pero un día, concretamente el segundo del año oficial, mientras disfrutaba de un fin de semana con amigos en un pueblecito de Segovia llamado Sotosalbos, decidí salir de paseo con mi hijo que recientemente, por decisión del hombre de blanco, se ha librado del limbo. Pasamos por la bella iglesia románica del lugar y decidí entrar, sin percatarme de que eran las doce y cuarto de un domingo. ¡Oh, sorpresa, estábamos en misa! Mi perplejidad era grande, pero nada comparada con la suya, a través de sus ojos y sus preguntas, me dí cuenta de que el hecho de ver un hombre ensangrentado colgado de una cruz es aterrador por mucho que la costumbre le haga pasar desapercibido a los ojos adultos. De esa extraña mañana me quedo sin duda con la capacidad del niño para permanecer atento en silencio mostrando una consideración hacía ese entorno bizarro que me hace pensar que quizás estamos haciendo las cosas bien.

¿Por qué el señor de blanco se llama cómo tú?
Cosas de niños

Cargado de religiosidad, no sospechaba que aún faltaba lo mejor, una carambola del destino nos llevó a suspender un viaje previsto a Cuba y acabamos en Jordania alquilando un coche, vehículo de nuestra peregrinación automovilística por los lugares que muchos consideran santos. Con la ayuda  de nuestra gran amiga Lonely Planet, recorrimos todo, y cuando digo todo quiero decir todo. Empezamos por los castillos cruzados, llegamos a vislumbrar el mar de Galilea, escenario de transfiguraciones bíblicas, para después regresar hacía el lugar exacto del río Jordán dónde parece que bautizaron al hombre que está colgado de una cruz en la lejana iglesia de Sotosalbos. Un sitio de nombre pomposo, Betania más allá del Jordán, en mitad de la nada que está sufriendo un boom de construcción eclesiástica desde que lo visitase allá por el 2000 un papa convertido a santo, sin ánimo de ofender, lo podríamos llamar, "Cristolandia". No tuve más remedio que darme un baño en ese mítico y místico río degradado a riachuelo de aguas estancadas, al no estar bautizado quizás esto me sirva para depurar mi alma infiel. Luego descubrimos, que en la otra orilla, en un país llamado Israel (o quizás Palestina si le dejasen) están construyendo otro parque temático que bautizaremos cómo "Cristoworld", no debemos menospreciar el poder del turismo beato pero yo ya no sé si me he remojado en el lugar correcto porque el suyo es otro, quiero quedarme con la ilusión de que sí. Pasamos por otros paisajes que supuestamente albergaron las ciudades más sugerentes y divertidas del mundo hasta el surgimiento de Las Vegas, desgraciadamente ya sólo queda la estatua de sal de una mujer sin nombre conocido que estuvo casada con Lot y un precioso mar estancado por castigo divino, perdón por la reiteración pero parece que allí se ha estancado todo, especialmente el sentido común. Tras ver el mapa de tierra santa en la iglesia de san Jorge y verla desde el monte Nebo, decidimos llegar más lejos que Moisés e ir a ella, sin querer enfadarle claro, menudo carácter se gastaba el personaje. Por fin nos vimos allí, en Jerusalén, en el santo sepulcro, el sancta sactorum de la cristiandad, pero eso ya lo conté en su momento y es difícilmente descriptible con palabras.
Tras la epopeya vacacional descrita, cabría pensar que ya no me quedaba nada más por presenciar, pero otra casualidad provocada por la agenda me llevó a estar en Madrid durante el encuentro de los jóvenes, y no tan jóvenes con su germánico pontífice. Sobre esto, poco que decir, cada cuál a lo suyo, pero confieso que aún no he encontrado un colirio que me libre de la sequedad ocular provocada por la ojiplatía crónica que desde entonces padezco y añado una consideración personal, las dogmáticas manifestaciones contra-religiosas creo que travisten la filosofía ateísta en fe.
Hasta aquí mi gran año cristiano, un año en el que también escribí mi epístola de despedida divina. El presente no lo he comenzado con la visita compostelana porque aún sufro delirium tremens christianus pero con toda probabilidad volveré. Mientras tanto concluiré revisando una vez más la película de los Python, nunca se sabe, quizás Bryan soy yo...




Algún día os contaré cómo y por qué cuadré el círculo de casarme por la iglesia sin estar bautizado y sin engañar a nadie. O puede que no lo cuente jamás...

PD: En pocas ocasiones puedo usar latinajos, pero... ¡Qué divertido es pardiez!