jueves, 10 de noviembre de 2011

Crudo

Un día, el petróleo, los mercados y otras realidades
serán tan arcaicas como esta foto
"¡Buenísima noticia! repsol YPF halla en Argentina una gigantesca reserva de crudo" Esta fue la sorprendente declaración de Javier Solana ayer en Twitter. Sorprendente para mí, claro, me causa sorpresa porque suelo estar muy de acuerdo con las afirmaciones e informaciones que divulga Solana pero en este caso tengo serias dudas de que esto sea una buena noticia e intentaré explicar por qué.
Según algunas cifras que he podido leer, el planeta tendría recursos petrolíferos para aproximadamente 30 años aunque algunos analistas opinan que al ritmo de consumo actual es difícil que lleguemos a tres décadas. Si nos quedamos en la superficie, la noticia  podría ser buena, sin embargo, desde mi punto de vista, no es más que un hallazgo paliativo que no hace más que alargar la agonía de un recurso energético agonizante. Investigando he tenido acceso a otros datos desconcertantes como que quedan reservas de gas para 60 años o carbón para poco más de un siglo. Tengo 35 años, en términos geológicos soy un estornudo y en términos humanos este tiempo ha pasado más rápido de lo que me hubiese gustado, no pretendo establecer aquí una teoría sobre política y recursos energéticos, no me falta energía pero ando escaso de recursos científicos para ello. A mí me preocupa que mis hijos no tendrán la oportunidad de analizar la conveniencia de los hidrocarburos frente a otros combustibles aunque espero que para entonces los sabios ya hayan reconducido nuestro futuro hacía la economía de hidrógeno o hayan tenido la valentía de abandonar lo antiguo e investigar lo nuevo o vaya usted a saber.  Hoy, solo me puedo dirigir a los guruses del presente: ¿Qué tal si empezamos a construir el futuro? No es necesario inventar nada, ustedes saben que ya está inventado; abandonen el canguelo, no sean pusilánimes y manden al carajo a los mercados, mejor dicho, manden al carajo a los que actualmente se han apoderado de los mercados, necesitamos que el capital fluya pero para eso es necesario coagular a los que lo han manejado hasta la fecha y que tomen conciencia de sus crímenes de lesa humanidad desde una celda.

Por otro lado, estamos inmersos en un crudo proceso electoral, es relevante, sí, pero en su justa medida y sin perder el norte. A nivel planetario somos demográficamente insignificantes, económicamente prescindibles y además, a casi nadie le importa un pimiento lo que aquí ocurra. En unos días, los mercado se habrán cargado en Italia al cuarto jefe de gobierno democráticamente elegido en las urnas. Hace un año cayó el irlandés Cowen, después el portugués Sócrates, recientemente el griego Papandréu y ahora el mercader de Milán. Este último caso no carece de cierta justicia poética, mientras el mercado tumba su gobierno, sus empresas se hunden en bolsa, en definitiva, quien le lucró le entierra. No es para alegrarse, es la demostración flagrante de que nuestros votos, a la hora de la verdad, carecen de importancia y esto lo empiezan a sospechar nuestros políticos. El lenguaje no verbal no falla, no sé si yerro pero me parece que el semblante del candidato popular no es el de una persona que está a unos días de ganar unas elecciones y me temo que es porque sabe que tras el día 20 de noviembre, vendrá el 21, el 22 y el 23; o mucho cambian las cosas o la próxima legislatura puede ser la más breve de la historia de nuestra democracia. Rajoy es muy consciente de la crudeza de su futuro si gana, imagino que se debe sentir un poco como si Luis XVI hubiese abdicado en él con la guillotina ya montada por los revolucionarios, en fin un sinsabor, por muy rey que se sea.

No estamos en crisis, estamos en un cambio de ciclo, de modelo y de realidad que requiere modificar nuestros planteamientos, deseos y certezas, yo lo seguiré haciendo desde un planteamiento bastante utópico y algo optimista.
Necesitamos que se agoten lo recursos fósiles para cambiar de modelo energético.
Sólo entonces la salud del planeta dejará de estar en peligro.
Necesitamos que se hundan del todo los mercados financieros globales para que arrastren a sus dirigentes.
Sólo entonces el reparto del capital será más justo y equitativo.
Necesitamos que los partidos políticos toquen fondo.
Sólo entonces renacerán más fuertes, solidarios y democráticos.
Necesitamos que el norte sea más pobre.
Sólo entonces descubriremos que necesitamos al sur y decidiremos cuidar de él.
Necesitamos que quiebren, uno por uno, todos los países de la Unión Europea.
Sólo entonces decidiremos estar fiscal, económica y socialmente juntos.
Necesitamos que los medios de comunicación convencionales dejen de ser rentables.
Sólo entonces volverán a ser lo que nunca debieron dejar de ser.

Siempre cabe la posibilidad de que sabiendo lo que ha de suceder lo atajemos. Una vez escribí un artículo sobre el socialismo llamado Ave Fénix pero yo no deseo que ocurra lo que expongo, no es necesario reducir todo a cenizas para reconstruirlo después, es urgente empezar a construir nuestro nuevo paradigma para ir destruyendo paulatinamente lo que teníamos hasta ahora. A nadie se le ocurriría cerrar una carretera hasta no haber inaugurado la nueva autopista pero tampoco permitiríamos que nos obligasen a circular por las primitivas calzadas romanas.
Por lo tanto, encontrar una nueva bolsa de crudo no es una gran noticia, la buena nueva será cuando descubramos que lo que existe no funciona pero ya existe lo que sí funciona.
O eso, o lo llevamos crudo.




Esta película es Gigante, como, supuestamente, la reserva que se ha encontrado, cuya extracción, por cierto, puede causar daños irreparables al medio-ambiente. Esta secuencia nos enseñaba ya en el 56 que cuando aparece el petróleo surgen disputas y peleas, de ahí a las guerras sólo un paso, pero eso es otra historia.


PD: Este artículo está contra-inspirado por los mítines alejados de la realidad e inspirado en gran medida por Dario Fo y su novela "L'apocalisse rimandata". 
Pido disculpas a Javier Solana, le seguiré escuchando y leyendo ávidamente, al fin y al cabo, ambos soñamos con #MásEuropa, porque más Europa sí sería el comienzo de algo nuevo.



2 comentarios:

  1. Álvaro está muy, muy bien todo el juego que haces con el crudo, y la idea de fondo también es brillante. Algún apunte crítico:

    No sé si necesariamente siempre hay ave fénix tras las cenizas, así que controlemos la debacle por si acaso, que sea una voladura controlada (muchos movimientos revolucionarios, como sabes, operaban bajo la premisa cuanto peor mejor y el “mejor” nunca llegó). Por otro lado, en sentido estricto estamos efectivamente en crisis si como dices “estamos en un cambio de ciclo”. La idea de crisis es efectivamente esa: algo que está muriendo y algo que, de momento en modo difuso, emerge poco a poco…
    Y en cuanto al problema de fondo, los mercados y la democracia y Europa, tantas cuestiones en juego que conviene deslindar… Creo que el cuadro de la denuncia o el lamento y la palanca para la esperanza es estéril si no recordamos que, junto con las entidades financieras desbocadas, que tomaron riesgos excesivos, las regulaciones muy laxas que propiciaron aquellos, junto a todo eso, está el hecho mismo de los endeudamientos-país: ¿cómo es posible haber llegado a tener una deuda que es más del doble de la riqueza que uno tiene (Italia)? Solo echando balones fuera, es decir, en la confianza de que ya llegará un futuro mejor, o sea, un futuro “pagador” a quien por supuesto no se pregunta si se acepta nacer con esa carga deudora. Así que nos da rabia esa maldita “confianza” o “desconfianza” de los mercados que tumban gobiernos pero somos nosotros los que también nos hemos confiado excesivamente… Y nada de eso empece a que crea, como tú, que el Estado debe estar ahí para corregir las desigualdades no debidas más que al azar natural… Perdón por el rollo y buen fin de semana, amiguitos. Un fuerte abrazo bien turbotópico

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  2. Buen post amigo. Quien tiene miedo a las crisis tiene miedo al cambio y últimamente me atrae el uso que se hace del miedo para inmovilizar a los que intentan ir contracorriente: intento pensar como un niño porque ellos intentan hasta lo imposible ya que no saben que lo era.

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