jueves, 26 de enero de 2012

Inhabilitados

¿Viajan en platillos volantes hacia ningún lugar?
Me interesa la política desde que tengo uso de razón, tanto es así que hace un tiempo encontré un antiguo cuaderno en el que, en algún momento indefinido de mi tierna infancia, pegué cromos de alienígenas bajo los cuales escribí el nombre de personajes políticos de la época, desde Peces-Barba a Felipe González pasando por Carrillo o Fraga. No creo tener ninguna enfermedad mental o por lo menos no está diagnosticada, a pesar de ello recuerdo perfectamente mi evolución adolescente desde el anarquismo, tras leer alguna cosa de Bakunin, al marxismo para aterrizar finalmente en el socialismo moderno.

Una fuerte convicción ideológica social-demócrata me llevó en 1996 a dar un paso más,  ese año decidí no entregar mi voto y cambiarlo por un compromiso más formal, pensaba que una etapa había finalizado. Fue entonces, cuando empecé a observar desde una agrupación de distrito los graves problemas de perspectiva, rotación y estructura que minaban cualquier intento de hacer política y generar ideas - los responsables de aquella agrupación siguen siendo los mismos -. A pesar de todo, más de quince años y algunas decepciones después, sigo dedicando parte de mi tiempo libre a colaborar con el partido más antiguo de España, ese que fascinó a mi abuelo, ese que debería volver a representar a una mayoría progresista y aspirar a construir un modelo social más justo y solidario.

Sin embargo tengo un oscuro pasado que me inhabilita para poder dedicarme temporalmente a hacer política, hoy intercambio pudor por vanidad y me dispongo revelar ese pasado. Confieso que he desperdiciado los últimos diecisiete años mi vida, opté por dedicar mi formación a trabajar por y para la empresa privada. Jamás he asistido a un mitin, ni he pegado carteles, ni he agitado banderas, ni siquiera en los momentos de gloria.
Miro hacía atrás y revisando los perfiles curriculares de los líderes y no tan líderes, de uno u otro color, que han regido nuestros destinos durante las últimas décadas, concluyo que quizás en 1996 debí abandonar la carrera que estudiaba para dedicar más tiempo a pasear por mi agrupación de distrito y aprender técnicas fontaneriles de liderazgo demagógico.
Hoy me doy cuenta de que al decidir compatibilizar mis estudios con un puesto de becario en una televisión autonómica lo que estaba haciendo era correr en dirección opuesta a los que ya estaban soñando con micro-cargos de futuro en un micro-cosmos del pasado.
Ahora me percato de que dedicar fines de semana a estudiar un máster dirigido a progresar en mi carrera profesional me estaba impidiendo asistir a "interesantes" actividades y debates cuyo único objeto era dejarse ver para lograr que algún "padrino" impulsase el despegue de una mera militancia hacía atractivos puestos de poder. Por fin tengo la absoluta convicción de que mi periplo laboral a través de empresas de producción y distribución audiovisual - con alguna aventura empresarial de por medio - me ha discapacitado para la política, posiblemente de por vida. El esfuerzo de estudiar algunos idiomas tampoco ayuda a este respecto, es exigible para contratar a un recepcionista en una compañía multinacional pero no para ejercer cargos políticos con responsabilidad internacional.

En definitiva, he llegado a la conclusión de que puede que el hecho de mezclar seres extraterrestres con personajes políticos cuando era un niño no fuese tan extravagante porque en ocasiones parecen provenir de otro planeta y puede que sea eso lo que provoca un inexorable alejamiento de la ciudadanía y sus problemas mundanos. Me temo que hay muchas más personas que quisieran participar y no pueden, están inhabilitados por una trayectoria pasada en el mundo real. Intuyo que seguirán llegando aquellos morenazos cuya sinceridad a prueba de bombas les obliga a reconocer su ansia por forrarse o aquellos otros delincuentes que se sienten amparados por la ineptitud de ciertos jurados tan populares que también son inhábiles para juzgar nada.

Los conceptos filosóficos de democracia y política han sufrido muchas mutaciones a lo largo de los siglos, yo deseo un futuro utópico para mis hijos en el que puedan admirar a todos aquellos y aquellas que decidan hacer un BREVE paréntesis en sus vidas para dedicarse al servicio público y bien común aportando los conocimientos adquiridos a lo largo de sus carreras. Sueño con el día en el que todos podamos aprender de la experiencia de los que saben más que nosotros, sólo pretendo lo mismo que pretendo de mis jefes, que me enseñen.

Mientras llega ese día, no me atrevería a sugerir a nadie que ingresase en un partido político, no siempre es recomendable visitar la cocina del sitio adonde vamos a comer. Yo ya conozco ese lugar, por lo tanto sólo me queda apoyar para la dirección del partido de mis afectos y desafectos a todo aquél que muestre y demuestre una actitud renovadora sustentada por un soporte curricular que vaya más allá de la militancia. Si todo sigue igual, ningún problema, sólo tendré que dejar de malgastar mi tiempo de ocio y centrarme en el negocio, lo que no deja de ser una forma de negar el ocio.

La dedicación política debería ser una paso más en la trayectoria profesional de un individuo, nunca el primer y último paso, a ver si nos vamos entendiendo.


PD: Sé que generalizar es injusto y que por tanto el artículo de hoy lo es también. No todos los que están en política adolecen de un vacío curricular extra-político pero los que hay son tan llamativos que fagocitan al resto. También sé que los dos últimos presidentes de los Estados Unidos de América tienen una trayectoria profesional previa a la política y por lo tanto que es viable exigirla.


jueves, 19 de enero de 2012

Fallas estructurales



¿Arreglos estéticos en fachada descolorida?
Fuente foto aquí
El artículo que reproduzco a continuación no es más que una adaptación de la respuesta que le  di a una militante socialista muy beligerante con la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba. Si lo adapto y publico sólo es porque jamás obtuve réplica y sigo albergando varias dudas que quisiera solventar, por supuesto sin ánimo de soliviantar.

Primero me gustaría que quién acusa de engaño al candidato mencionado me aclarase en qué foros Rubalcaba expresó en alguna ocasión su intención de abrir la elección del Secretario General a la militancia del partido, de no encontrar dichas menciones la acusación de engaño se tambalearía.

Por otro lado sería de agradecer que estos aguerridos afiliados compartiesen con nosotros los datos fehacientes de que disponen para afirmar que desde el equipo de dicha candidatura se vierten amenazas y presiones. Estos serían actos de extrema gravedad que tal y como los suelen exponer, más que infringir lo estatutos del partido parecerían cercanos a prácticas delictivas más propias de la camorra que de un partido democrático – que lo es, mejorable pero lo es. También sería interesante que mostrasen los datos estadísticos que les llevan a concluir que las actitudes del candidato Rubalcaba restaron estabilidad al gobierno anterior, yo siempre pensé que el contexto socio-económico imperante había provocado el final anticipado de la novena legislatura.

Por último, en otra línea de asuntos, ardo en deseos de conocer el proyecto social, económico, educativo, sanitario y político de Gómez o Chacón, candidatos que estos mismos militantes suelen idolatrar. Es lícito apoyar a quien se desee y también rehuir de todo lo relacionado con Rubalcaba - incluido el programa electoral surgido de la conferencia política que algunos se atreven a denostar vehementemente - pero sería mucho más convincente si se planteasen alternativas ideológicas como por cierto sí hace el pre-candidato Quero a través de la iniciativa Bases en Red.

Como he expresado, desearía que alguien me ilustrase, a poder ser, con datos objetivos aunque por supuesto entendería que, para no variar, se limitasen a afirmar que mi supuesto rubalcabismo extremo es el germen de la formulación de estas preguntas. Si fuese así, aprovecho para reiterar que en estos momentos mi confianza se centra en lo que representa Antonio Quero y reafirmar mi defensa inquebrantable a que el Partido Socialista pase por el aro de elección universal del Secretario General entre su militancia, es más voy a exponer a continuación los pasos óptimos, a mi parecer, para evitar el temido hiperliderazgo.

1) Presentación de mociones ideológicas (no manifiestos insulsos) encabezadas por miembros del partido en el Congreso Federal. Esto haría prevalecer el debate de ideas sobre el debate de egos.
2) Votación de dichas mociones. Si la moción vencedora en el congreso sobrepasase el 50% de apoyos debería someterse a referéndum entre la militancia y sobrepasar también un 50% de apoyo.
3) En caso de que ninguna moción sobrepasase el 50% de los votos en el congreso o no fuese reafirmada en referéndum habría que establecer un proceso electoral entre la militancia y este se debería organizar a doble vuelta para permitir que los compañeros que se quedarán fuera pudiesen unir parte de sus ideas a los proyectos de los dos candidatos finales.
4) El resultado final sería el nombramiento de un(a) secretario(a) general que englobase el sentir mayoritario de la familia socialista. Por cierto, dicho SG debería asumir en caso de querer ser candidato a la presidencia del gobierno que ambos cargos son incompatibles, pero eso es otra historia…

En fin estas son mis dudas y también alguna de mis convicciones, tengo motivos para pensar que Antonio Quero defendería esta premisa, también creo que se podría convencer de ello a quien tiene experiencia acumulada de gobierno y de partido. Sin embargo  tengo seria dudas de que quien, desde su juventud y tras lograr el añorado poder, estuviese por la labor de facilitar las cosas a quien en un futuro desease arrebatárselo.

Espero que nadie se sienta atacado, pero empiezo a pensar que las fallas estructurales del PSOE no son sólo ejecutivas - lo que sería la cubierta del edificio - sino que también adolece de una frágil e inconsistente base social – lo que serían los cimientos. Me pregunto qué es más dañino para la solidez de una estructura, según los expertos, lo segundo. Insisto, que nadie se ofenda, como dice mi amigo Diego, todo esto no es más que un compendio de dudas metódicas y hoy os dejo con un recuerdo de tiempos mejores que me invita a soñar con una utópica refundación del PSP.




PD. El proceso de elección expuesto está más que inspirado en el  que rige el PS francés, carezco de la brillantez para inventar uno nuevo, además sería una pérdida de tiempo existiendo un modelo en el cual basarse. Invito a los lectores  a repasar el desarrollo del último congreso de Reims del año 2008, por cierto, allí la bicefalia ya es un hecho.

martes, 17 de enero de 2012

Paralelismo concluso

La vida tiene algo de aleatorio que hace que merezca la pena, el comienzo no siempre presagia su final aunque el recorrido inicial haya resultado extremadamente similar a otros.

Dos imágenes de dos hombres distintos ilustran hoy este artículo. Observamos en ambos una mirada profunda, algo perdida y con un toque de tristeza que sin embargo causa cierto temor quizás por la falta de empatía o quizás por la profundidad de sus cuencas marcadas por las sombras de sus pobladas cejas. La grandiosidad de sus protuberantes pabellones auriculares invitaría a pensar que estas dos personas gustaban de escuchar pero sus biografías muestran que eran más proclives a orar, tanto en el sentido místico como seglar de la palabra.

Dicen las crónicas oficiales que ambos personajes, ya históricos, fueron brillantes estudiantes en sus tiempos bisoños. Según sus partidas de nacimiento, nuestros dos celebérrimos protagonistas nacieron en regiones del noroeste de sus países y lo hicieron bien entrado el otoño, no sé si esto es relevante pero puede que marque un carácter. Uno logró ser ministro de información a los treinta y seis, el otro lo consiguió a los cuarenta, los dos fueron fieles y fervientes admiradores de sus naciones y de los caudillos que las gobernaban con mano férrea. Estos dos "servidores públicos" adolecían de cojera pero ninguno de ellos dejó que eso afectase al cumplimiento de su deber patrio y marital como así lo demuestra la "poderosa retórica" que aún se recuerda y los seis hijos por barba que llegaron a tener. Así concluye este paralelismo existencial, después, uno vivió casi el doble que el otro, uno dejó este mundo con honores de estado y el otro lo dejó como vivió, con violencia y deshonor.

Sí, sin duda la vida es capaz de sorprendernos tomando curiosos vericuetos y visto lo visto no parece utópico pensar que todo ser humano es recuperable, imagino que por eso muchos códigos penales de nuestras sociedades democráticas enfocan las penas de prisión como un sendero que debe inexorablemente dirigir a la reinserción social. No podemos afirmar, sin embargo, que ellos fuesen grandes defensores de este principio jurídico aunque debemos reconocer que uno de los dos acabó abrazando la causa demócrata, aunque, puede, que fuésemos los demócratas quienes le abrazamos a él ayudándole así a comprender que su antiguo pensamiento vital siempre fue erróneo y el nuestro siempre fue correcto.

En todo caso, con la generosidad propia de los hombres libres, podemos agradecer sin rubor al Sr. Fraga  el habernos devuelto el favor de aceptarle en nuestra moderna y democrática sociedad atrayendo a ella a muchos otros que sin él seguramente no hubiesen venido, lo que nos hubiese condenado a más años de profunda negrura. Lo que no sabremos es si el funesto Goebbels, de haber sido en sus últimos días - como estuvo a punto - embajador en Japón, hubiese sido recuperable para la Alemania que estaba por llegar, pero lo dudo, hay imágenes que no se pueden limpiar ni desde el utopismo más exacerbado.

Como el protagonista de este paralelismo concluso, propongo que no nos dejemos llevar por lo que creemos que somos, vayamos por lo que creemos que deberíamos ser, de este modo galoparemos juntos hacía un mundo mejor, más justo e igualitario dónde personas como Paco Ibañez o Rafael Albertí jamás puedan ser censuradas por sus ideas.



Así pues, D. Manuel Fraga Iribarne, descanse en paz porque aunque durante un tiempo no permitió a nuestros padres y abuelos disfrutar de esa ansiada paz después sí colaboró a conseguirla.



miércoles, 11 de enero de 2012

Veinte años no es nada

Las cosas pintaban mal pero sonreíamos, hoy ni eso...
Hoy le he observado con una mezcla de lejanía ideológica y cercanía ilógica. Por fin salió de su hibernación voluntaria, si bien la cosmética impide que la nieve del tiempo platee su sien, su frente sí se ha marchitado y su mirada es ciertamente febril. Yo, si fuera él, le preguntaba a Felipe.

Hace veinte años, la crisis nos azotaba, una de las de antaño, de esas que se arreglaban con devaluaciones monetarias, amplia visión de estado y algo de salero andaluz. Todo se asemejaba bastante, la oposición tenía escaso peso parlamentario y el gobierno disponía de una mayoría virtualmente absoluta que aprovechaba para tomar "necesarias" medidas de ajuste económico sin conseguir recabar apoyos del resto de grupos. Se fraguaba entonces el despegue de los años venideros y quizás también el consiguiente aterrizaje forzoso.

Hace veinte años construíamos Europa desde Maastrich con zancadillas de Dinamarca y Reino Unido mientras Alemania intentaba reconstruir su país tras años de división. Hoy, a pesar de las perennes zancadillas de Dinamarca y Reino Unido, intentamos reconstruir Europa desde no se sabe dónde mientras Alemania goza con su papel protagonista y referencial de nuestro riesgo deudor. ¡Ay si Paco Fernández Ordoñez levantase la cabeza! Él también se fue en esos tiempos - antes de tiempo - pero por lo menos pudo evitar la visión de la extraña deriva que su sueño habría de tomar, una Europa que navega entre icebergs de nombres bizarros como Moody's o Finch que incluso se cuelan en su parlamento.

Hace veinte años "volábamos" en AVE a Sevilla sin preguntarnos si ser tan veloces sería rentable, sin pararnos a meditar si tanta premura nos permitiría llegar antes a algún lugar. Merecía la pena intentarlo, teníamos la convicción de que una Exposición Universal y unos Juegos Olímpicos mitigarían una cifras de desempleo tan estratosféricas como las de hoy y nos traerían pingües beneficios. Ya se sabe que las olimpiadas pueden ser rentables, se dice que cierto balonmanista amortizó las siguientes como ningún otro deportista, pero esa es otra historia.

Hace veinte años salíamos de la primera guerra de Irak pagando un alto precio por los combustibles mientras veíamos horrorizados la imagen de un cormorán cubierto de brea, luego descubriríamos que el ave había volado o más bien que, al igual que ciertas armas destructoras, jamás estuvo allí. Hoy seguimos pagando gasolina a precio de caviar, quizás por la influencia de Irán porque de Irak ya no queda nada.

Hace veinte años un alcohólico dirigía sin rumbo la recién estrenada Federación Rusa, hoy un ególatra vigoréxico intenta volver a dirigirla sin más destino que el de su propio beneficio. Hace veinte años un presidente de Estados Unidos finalizaba su único mandato, es posible que en noviembre, otro presidente del mismo país termine el suyo.

Hace veinte años Felipe vivió y lidió en este contexto pero encontró los ingredientes para reflotar el invento  aunque algunos ciegos sigan creyendo que fue un milagro posterior de aquel funesto organizador de guerras, bodorrios y corruptelas que estaba por llegar (por supuesto, el ciego puedo ser yo, eso nunca se sabe hasta que es tarde). Imagino, que la función del Consejo de Estado - si hubiese alguien en sus asientos - es aconsejar y por eso en él se deposita a los ex-presidentes y por eso creo que el mejor asesor para el dubitativo Mariano sería sin duda el convincente Felipe, no vaya a ser que le dé por preguntar a otros.

Ni Hannah Montana ni el Jonas de los Brothers supieron nada de esto, estaban naciendo y dudo de que hoy lo hayan descubierto. Mucho me temo que algunos de sus semejantes siguen sin ser conscientes del pasado y el presente aunque prefiero creer que no es utópico pensar que la mayoría, no sólo es cabal sino que es mejor, como lo será el futuro que ellos deben construir. Habrá que esperar un par de décadas para saberlo, total nada.

En 1992 aprendimos a soñar, en 2012 deberíamos despertar.
Aquel año fue bisiesto, este también nos regala un día.
Y es que, como decía Gardel, veinte años no es nada...



PD: Este post es para mi hermano Raúl que aunque no había nacido entonces, hoy se interesa por el pasado y lucha soñando - o sueña luchando, esto no lo tengo muy claro - con una realidad distinta.

miércoles, 4 de enero de 2012

Ciegos

Gracias por ver y dejarnos mirar.
In Memoriam José Saramago 1922-2010
El último día del año me llevó a la última página del "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago y sigo bajo los efectos de la profunda conmoción causada por lo leído. Sospecho que realmente estamos todos sumidos en una ceguera que no se puede curar porque nuestra falsa videncia impide su diagnóstico, sin embargo, hemos sabido adaptarnos escogiendo falsos lazarillos que nos muestran el camino hacia la realidad aparente que deseamos creer.

Si necesitamos ver un enemigo global que encarne el mal en la tierra, alguien nos lo mostrará y en pocos meses estaremos inmersos en una nueva guerra de imprevisibles consecuencias, convencidos de la necesidad de apoyarla para lograr nuestra salvación conjunta. Llegará el verano y hablaremos más de la importancia estratégica del otrora desconocido estrecho de Ormuz que de los seres humanos que se juegan la vida en el de Gibraltar. ¿Nos han abierto los ojos? No, más bien nos han dirigido la mirada.

Si necesitamos creer en la justicia económica global o en el control internacional de los mercados financieros, alguien nos enseñará la utilidad de ceder al desarrollo de los países más pobres un 0,7% de nuestro PNB y otro nos descubrirá las bondades de la tasa Tobin para evitar la especulación bursátil. ¿Nos han abierto los ojos? No, lo que han hecho ha sido enfrascarnos en un debate estéril sobre medidas escasas para así impedirnos ver más allá, diseñar las correctas y exigirlas.

Si necesitamos confiar en la extraordinaria valía de un nuevo gobierno, un experto en imagen e ingeniería política nos diseñará uno agradable a la vista de la mayoría imperante y a poder ser también de las minorías latentes, de este modo, haga lo que haga nos parecerá bien o por lo menos necesario. Si se da el caso de que la situación no mejora, otro alguien, el especialista anterior que diseñaba enemigos malignos, nos hará mirar hacia las supuestas maldades y torpezas de un gobierno anterior. ¿Nos han abierto los ojos? No, en realidad nos han impedido ver la corresponsabilidad de todos, incluidos nosotros, en la situación que padecemos y así han vuelto a impedir que adquiramos la lucidez necesaria para tomar las medidas oportunas. Este tipo de ceguera es por supuesto extensible a la vida interna de los partidos, empresas e incluso familias.

Puede también que necesitemos muchas otras cosas para afianzar nuestro éxito social, para eso siempre hay un guía dispuesto a abrirnos los ojos. Unos ofrecen el paradigma de una unión familiar excelsa y una moral única que entorpezca la visión de una realidad plural. Otros invitan a indignarnos y revolucionarnos provocando una falsa sensación de clarividencia temporal cuya alta dosis de ineficiencia propositiva podría sumergirnos en unas tinieblas aún más frustrantes. Los más, nos seguirán deslumbrando con exóticas vidas ajenas, ropajes, vehículos, relojes, gadgets teconológicos u otros elixires de felicidad que permitan divisar el espejismo en que se ha convertido el objeto de nuestra existencia.

En ocasiones decidimos romper los cristales opacos de nuestro microcosmos pero a menudo llegamos tarde.



La ceguera propuesta por Saramago es blanca como un mar de leche, el blanco contiene en su espectro todos los colores, por lo tanto este mal no depende de ideologías sino de actitudes. Puede que perdiendo el miedo a las criticas o el rechazo y desechando la adicción al arraigo consigamos sanar y avanzar.
Nada es imposible, ni siquiera en 2012.

PD: Hablar sobre república bajo el trauma de un delincuente presuntamente noble noble presuntamente delincuente, impide reflexionar con lucidez sobre el tipo de república que querríamos.