viernes, 10 de febrero de 2012

Hispanofobia

Generación del 98:
Y ellos pensaban que estaban mal...
Hace tiempo descubrí que el hecho de haber nacido donde lo hice fue fruto de la más estricta casualidad cósmica, biológica, química o vaya usted a saber. Después, dejé de sentir ningún afecto especial por la tierra donde resido y como del desafecto al desprecio hay un paso, pronto me dí cuenta de que aborrecía profundamente, no sólo la retórica nacionalista sino la propia ideología.

Hasta hoy, he sido capaz de convivir con las estupideces patrias de un país insignificante cuya posición en el planisferio eurocentrista de Mercator hizo creer a sus habitantes que eran el ombligo del mundo. Sobrevivir a esta situación desde el realismo crítico ha sido relativamente sencillo gracias al escudo protector de una indiferencia aderezada con dosis de respeto ante ciertas actitudes. Pero eso, repito, fue hasta hoy, en un instante todo ha cambiado. Quizás sea producto de un largo proceso de reflexión o quizás sea producto del impacto traumático de una sola noticia pero el caso es que hoy, a diferencia del anterior Presidente del Gobierno, siento un pesimismo antropológico de tal calibre que a su lado, el espíritu de la Generación del 98 que hoy me inspira parece jovial.

Los hechos acontecidos en España los últimos tiempos ya eran pintorescos pero ni el propio Valle-Inclán hubiese podido imaginar el esperpento que se avecinaba y que nosotros hemos tenido el infortunio de presenciar, el albor de la justicia redundante. Al dictar un fallo que muchos percibimos como injusto, al desaforar a uno de los jueces más importantes de nuestra breve historia democrática, el Tribunal Supremo además de errar nos ha condenado a todos a la indefensión y al ostracismo jurídico. Los españoles somos muy dados a ir poco al grano y abusar de la redundancia, desde mi profana visión, el Tribunal Supremo de este glorioso y majestuoso Estado ibérico, también prevarica al condenar y su prevaricación redunda en la del supuesto prevaricador. Por muy ajustada a derecho que me digan mis amigos juristas que es la sentencia, la opinión es libre y para mí, el Tribunal Supremo ya comparte algo más que el código postal con el partido que estaba siendo investigado por el magistrado defenestrado. Ya se consumó el escarnio, ya se cuadró el círculo o españolizando la expresión para dar un toque tragicómico, digamos que, se rizó el rizo.

Al igual que los admirados noventayochistas me atreveré a afirmar sin vergüenza - porque no la tengo y porque la que siento empieza a ser ajena - que las Dos Españas han regresado para quedarse. Aquí estamos de nuevo como hace un siglo, con una España Real, esa miserable en la que no hay trabajo y habrá menos. Esa en la que se destruye la cultura y la educación para controlar a las masas. Esa España en la que nadie se preocupa de lo que nos ocupa y muchos lo hacen de lo que nos degrada. Esa España capaz de destruir familias para no perjudicar los intereses financieros de unos pocos. Esa España que algunos quieren construir en un mes destruyendo todo lo anterior, la España reaccionaría, la que pierde jóvenes valiosos por miles, la de la emigración, la del pensamiento único y la familia homogénea, la que destruye la perspectiva de una industria energética moderna y competitiva para  conservar los beneficios que algunos obtienen con modelos obsoletos.

Luego está, la otra, la España Oficial, esa basada en la falsedad y la apariencia, esa que habla de separación de poderes y los acapara todos. Esa España que presume de una transición democrática envidiable obviando que la longevidad del dictador fue tal que simplemente nos pilló maduros, no más demócratas, ni por supuesto más valientes, sólo maduros. Esa España que dice proteger al emprendedor sin reconocer que lo importante no es emprender sino continuar, perseverar, arraigar y concluir. La España que habla de seriedad, ahorro y austeridad mientras babea por obtener dinero fácil, mostrarlo y multiplicarlo a cualquier coste, aunque sea el de delinquir porque eso en España no cuesta nada. Esa España, en fin, cuya única arma invencible es alguna que otra gesta deportiva y que se enfurece por cualquier afrenta demostrando que por no tener, ya no tiene ni humor.

Este es nuestro tiempo y nos ha tocado vivirlo en el país en el que un día, aleatoriamente nacimos, este es el sitio donde se vive mejor que en ningún lado, como suelen decir los que sólo han ido de casa a la playa y de la playa a casa. ¿Odio a España? No es sencillo odiar a quien no se ha amado, pero sí se puede temer. Sí, temo a España, temo que me contagie su conformismo, temo que me arrastre a la sima de la nada, temo que convierta a mis hijos en unos asnos miserables y sobre todo temo que acabe por convencerme de que como aquí, en ningún sitio.

Por fin he logrado alcanzar un diagnóstico, padezco Hispanofobia, un miedo incontrolable a España. Es un primer paso, ahora, sólo me resta hallar la cura y me temo que la sanación pasa por la consecución de una utopía, pero no para España, corregir la deriva general es demasiado utópico. Hay veces que la utopía empieza por uno mismo, la mía es partir, puede que no lo consiga pero lo seguiré intentando para lograr algún día que la lejanía me ayude a sentir ese amor irracional llamado patriotismo.
¡Suerte! Nos va hacer falta (y eso que nunca creí del todo en ella)

Aquí uno que no ha perdido el humor


PD: Un recuerdo afectuoso para esa revolución fugaz que nos hizo soñar, un espejismo interrumpido por la indolencia voraz que caracteriza el emprendimiento hispano.

6 comentarios:

  1. Todo vuelve, ¿eh? Me siento Unamuno hoy (salvando los años luz de distancia).

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  2. Yo hace 10 años que deje de vivir en ese territorio.

    Te puedo asegurar que ni la distancia ni el paso del tiempo te van a ayudar a curar tu Hispanofobia. Desde la lejanía es todavía más dura.

    Y cuando a uno las cosas le van bien, le resulta increíble pensar en que todavía queda algo que retenga a determinada gente a quedarse ....

    Parte .. aunque solo sea por higiene mental ...

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  3. "Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera" - Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008

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  4. Os leo a los tres e inevitablemente recupero algo de esperanza, si existís vosotros, todo es posible.
    Gracias

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  5. Estoy de acuerdo. pero que pienses acertadamente no te exime de seguir en el tajo. Cuando se está sumido en el fango hay que evitar que otros caigan. A mis ochenta años creo que lo importante en la vida es ayudar, compartir fuerzas y, morir con las botas puestas como hicieron otros que persiguieron la utopía

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  6. Querido José, parece que últimamente sólo mantienen la cabeza fresca y las ideas claras quienes han tenido la fortuna de disfrutar una larga existencia. En los últimos tiempos, sólo la perspectiva es capaz de dar respuesta a los retos a los que nos enfrentamos, yo por lo menos he encontrado algo de luz en las reflexiones de Helmut Schmidt, Sampedro o Hessel. Hoy, gracias a su acertado comentario, descubro que no están solos y tengo por costumbre seguir los buenos consejos, de manera que haré lo que pueda mientras pueda por seguir el suyo. Gracias por tomarse la molestia de leerme. Un abrazo.

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