jueves, 31 de mayo de 2012

Seco

Ando seco, el ombliguismo que impera en nuestras vidas ya no me permite ocuparme de lo que me preocupa, tenemos aparentemente tantos problemas internos que ya no nos queda apenas tiempo de analizar lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, entendiendo por fronteras los limites de la Unión Europea.

Informativamente Irak apenas existe, Afganistán se difumina, la hambruna en el Cuerno de África desapareció, la emergencia alimentaria en la región subsahariana del Sahel viene y va, no sé cómo siguen las cosas en Haiti ni cómo sobrelleva Palestina el nuevo gobierno de unidad nacional Israelí, tampoco tengo datos recientes sobre el expolio agrícola en Etiopía.  A veces oigo hablar de Siria o de Bahrein, pero sólo a veces, sólo cuando la crueldad ejercida sobre las poblaciones de estos países es lo suficientemente brutal y el material gráfico de los reporteros lo bastante explicito como para que alguien decida que el hecho es noticiable y merezca un hueco entre Primas y Primos. ¿Estallará un día la guerra civil entre Sudán de Norte y Sudán del Sur? Quizás pero sólo nos enteraremos de repente una mañana si se produce una masacre que sea visualmente impactante.

La influencia mediática es tal que mi cerebro empieza a estructurarse como un consejo editorial y ya hablo de las cosas con la misma vaguedad a que nos están acostumbrando. Ahora mismo, por ejemplo, he nombrado el Sahel y el Cuerno de África como entes geográficos difusos, pues no es así, contienen países, muchos países y muchas personas, repito, personas. En el primer caso una "pan-región" que se extiende de lado a lado del norte de África, cuatro millones de kilómetros cuadrados, lo mismo que toda la Unión Europea, el Sahel es Malí pero también Mauritania, Senegal, Argelia, Guinea, Burkina faso, Níger, Nigeria, Camerún, Chad, Sudán y Eritrea. Doce países - como los que componían la Unión Europea hace dos décadas - y millones de personas, así que hablar del Sahel y sus problemas alimentarios en general es por lo menos impreciso. El Cuerno de África es menos extenso geográficamente, la mitad que el anterior, pero igual de complejo humanamente, cien millones de personas repartidas en cuatro países, Somalia, Eritrea, Yibuti y Etiopía.

¿Por qué detenernos en una breve explicación geográfica y demográfica? Simplemente porque para resolver problemas debiéramos empezar por identificarlos con precisión, para saber qué hacer hay que saber de qué hablamos, o más bien de quién. Son, repito, mucho países, muchas culturas, muchas etnias, y muchos problemas, similares sí, idénticos no, aunque todos compartan la misma sequía y el mismo olvido. Ahora, la próxima vez que veamos la foto de un niño que padece ascitis causada por una desnutrición severa pensemos que tiene nombre, nacionalidad, familia y un gobierno propio. O mejor, imaginemos, dentro de 50 años, por ejemplo, a dos ciudadanos chinos que mientras toman un cerveza en Shangai se indignan con la foto de un niño "europeo" recogiendo basuras en un gran vertedero. Ellos nunca sabrán si ese niño es español, francés, polaco o estonio y por eso tampoco podrán definir qué tipo de ayuda concreta requiere ese niño, y eso que en este futurible sería más propio generalizar puesto que en nuestro caso, aparentemente compartimos una unión política, cosa que no sucede en las zonas a las que hoy me refiero.

Pido disculpas si he sacado a alguien de su letargo mercantil pero ya que la prima de riesgo parece haberse relajado hoy, he creído oportuno recordar que hay situaciones mucho más "arriesgadas" que las fluctuaciones del valor diferencial de una deuda aunque es cierto que nuestra caída también les influye negativamente a ellos. Por cierto, ayer rescataron frente a las costas de Almería una patera con 56 inmigrantes "Subsaharianos", jamás sabremos su procedencia exacta pero sí podemos intuir que a ellos no les preocupa nuestra situación económica tanto como a nosotros, en caso contrario no vendrían. Al mismo tiempo, puedo imaginar, que ayer por lo menos 56 personas "norsaharianas" arribaron a Suiza, Alemania, Estados Unidos o vaya usted a saber, para empezar una nueva vida pero en ese caso sí han sido todos identificados como ciudadanos de un país llamado España.

Sigamos pues trabajando los que aún podemos, por nosotros pero también por ellos.


lunes, 21 de mayo de 2012

Cien palabras

¿ Buscamos nuevas palabras?
Quise creer que escribir este artículo sería imposible, pensé que requeriría un esfuerzo titánico hallar cien palabras que ilustrasen la pandemia de pesimismo que caracteriza el apocalipsis económico que padecemos. Sin embargo, minusvaloré nuestra capacidad de azuzar el pánico y retroalimentarlo, me bastaron algo más de media hora, cuatro artículos de la sección económica de un diario y un editorial para recopilar las cien palabras que a continuación enuncio.


  1. Acreedores 
  2. Advertencias 
  3. Ahogadas 
  4. Ajustes 
  5. Alarma 
  6. Alarmante 
  7. Amenaza 
  8. Aplacan 
  9. Asfixian 
  10. Asustados 
  11. Atropello 
  12. Austeras 
  13. Austeridad 
  14. Avalar 
  15. Ayuda 
  16. Batallas 
  17. Caída 
  18. Calmar 
  19. Caótico 
  20. Cebó 
  21. Colapso 
  22. Confusión 
  23. Copago 
  24. Corralito 
  25. Coste 
  26. Credibilidad 
  27. Crisis 
  28. Déficit
  29. Desafortunadas 
  30. Desánimo 
  31. Descarnado 
  32. Descolocado 
  33. Desigualdades 
  34. Despido 
  35. Desplome 
  36. Deterioro 
  37. Deuda 
  38. Digerir 
  39. Dolido 
  40. Drama 
  41. Dudas 
  42. Durísimas 
  43. Ejecutar 
  44. Empeorado 
  45. Empeorar 
  46. Especulaciones 
  47. Excepcional 
  48. Fallas 
  49. Financiación 
  50. Frustrado 
  51. Golpe 
  52. Graves 
  53. Histeria 
  54. Hundimiento 
  55. Hundió 
  56. Impopulares 
  57. Improvisado 
  58. Inestabilidad
  59. Insostenible 
  60. Intervención 
  61. Intervenida 
  62. Intervenir 
  63. Inútil 
  64. Liquidez 
  65. Luto 
  66. Mercado 
  67. Miedo 
  68. Negro 
  69. Pánico 
  70. Paro 
  71. Perjudicial 
  72. Perplejo 
  73. Pesar 
  74. Pozo 
  75. Preocupación 
  76. Preocupante 
  77. Presiona 
  78. Problema 
  79. Quiebra 
  80. Recelos 
  81. Recesión 
  82. Recortable 
  83. Recortado 
  84. Recorte 
  85. Recortes 
  86. Remedio 
  87. Rescate
  88. Riesgo 
  89. Rompe 
  90. Ruido 
  91. Salve 
  92. Soga 
  93. Solvencia 
  94. Sufrimiento 
  95. Superados 
  96. Tensión 
  97. Tensiones 
  98. Titubean 
  99. Varapalo
Y de propina, con el número 100, más recortes, palabra repetida a propósito porque si reprodujera las ocasiones en las que la encontré, llenaría por si sola una lista similar a esta. Observarán los lectores más perspicaces que las palabras reforma, estímulo, crecimiento, inversión y desarrollo no hacen acto de presencia en el centálogo del caos y esto no es una licencia de quién suscribe, simplemente no estaban.

Sólo puedo añadir a semejante disparate que no creo que la economía se base en la racionalidad matemática pura ni que esté protegida contra sentimiento o estado anímico alguno como se obcecó el liberalismo recalcitrante en defender. Creo, que muy al contrario, nuestra euforia consumista contagió a los irresponsables gobiernos y mercados que dirigían el planeta llevándonos a todos a un abismo de irracionalidad . Hoy, será nuestro pesimismo, alimentado por la necedad de gobernantes y analistas empeñados en poner fechas que nunca llegan, el que provoque una condena permanente y no revisable a un purgatorio económico en el que ninguno de nuestros esfuerzos obtendrá recompensa porque allí, Benito ni está ni se le espera y además no hay purga milagrosa.

Quizás ha llegado el momento de vetar este lenguaje, buscar motivos para creer y encontrar fuerzas para crecer. Empecemos a caminar y si en el camino nos cargamos un sistema obsoleto, mejor que mejor. ¿Utopía? Sí, pero hoy es lunes, seamos optimistas, ya veremos el viernes con qué nos sorprenden.



PD: Gracias Carmela, fue tu hashtag #stopcenizos el que inspiró este post, de no ser tuyo, házmelo saber para felicitar al creador...

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Por qué estoy?

Porque también pertenezco a ese 99%
Estoy porque hace un año sonó el despertador, una alarma estridente que me hizo abrir los ojos tras un largo letargo en el que sólo veía políticos y valoraba sus políticas cual groupie post-adolescente, demostrando el mismo espíritu crítico que una mancha de fitoplancton que se deja mecer por las corrientes marítimas. Como ella, yo también moraba en la superficie, temeroso de lo que pudiera hallar en las profundidades del averno partidista.

Estoy porque lo que se lee, se escucha o se ve no es más que una transferencia de información ya pervertida por por la pluma y la palabra de quién la realiza. Si no estuviese no vería a todos esos estudiantes que a pesar de lo que pretenden algunos, están más formados que uniformados, todos ellos son mi hermano pequeño. No vería a decenas de sexagenarios, cuyos ropajes denotan su acomodo y que sin embargo abandonan sus sillones para venir a clamar por un futuro digno para sus hijos y nietos, todos ellos son mis padres. No vería a multitud de familias que  acuden con sus retoños con la esperanza de que ellos nunca olviden que sus padres no se rindieron al expolio de un sistema decrépito, todos ellos son mis circunstancias.

Estoy porque cuando oigo a un Vicepresidente socialista de la Comisión Europea alabar las medidas destructivas de un gobierno tan liberal como incompetente me dan vértigos. Estoy porque me estomaga que una ex-Vicepresidenta económica con escasa visión periférica acceda a cargos millonarios en compañías de las que depende nuestro futuro. Estoy porque es repugnante que quien participó en el hundimiento de un mastodonte bancario pretenda reflotarnos desde un ministerio y quien orquestó  la construcción de un tejido económico insostenible desde un ministerio  hoy se lucre al abandonar el cascarón de un banco hundido.

Estoy para decir con educación pero en voz alta que no es justo que la única educación gratuita de calidad a la que tendrán acceso mis hijos será la que les pueda proporcionar entre los muros de mi hogar. Estoy porque tengo salud para acudir y quiero tener la certeza de que cuando no la tenga alguien me curará aunque no pueda pagar las medicinas. Estoy porque a un millón y medio de familias no les quedan ingresos ni para estar porque si van, aunque sea en metro, mañana quizás no se puedan alimentar.

Estoy porque el billón de pesetas de las privatizaciones de los 80' se esfumó, porque los cinco billones de pesetas de las privatizaciones de los 90' sólo sirvieron para enladrillar el país e hipnotizar a sus ciudadanos y porque en el nuevo milenio, sus sucesores no tuvieron ni tienen valor ni valía para cambiar nada. Estoy porque tras treinta años de negligencias económicas continuadas carecemos de un tejido industrial perdurable que dé cabida a un mercado laboral que jamás se recuperará porque la oportunidad se perdió y el dinero que voló ya no volverá.

Estoy porque la primera gran depresión del siglo tuvo descendencia, una retahíla de países en crisis, aunque algunos salieron fuertes y parece que comienzan a crecer robustos, otros, los que estábamos enfermos sin saberlo, salimos débiles y antes o después deberán abandonarnos a nuestra suerte, es cuestión de selección natural, no permitirán que nuestros males contagien al resto. Estoy porque esto no es un ciclo sin culpables sino un armagedón coordinado y aunque lo hecho, hecho está, por lo menos, no debiéramos consentir que quien participó y participa en ello por acción u omisión siga haciéndolo.

Pero sobre todo estoy porque todo tiene solución, sólo es cuestión de voluntad, una voluntad que escasea entre los 14 miembros visibles de nuestro gobierno, 350 diputados de nuestro parlamento, 266 senadores, 17 presidentes autonómicos y más de 8000 regidores municipales. Escasea porque nadie en su sano juicio colaboraría en la construcción de un nuevo patrón democrático que tuviese como consecuencia postrera la pérdida de su puesto de trabajo, además basta revisar la genealogía de muchos de ellos para concluir que en este país no sólo la monarquía es hereditaria. Estoy porque debemos conjurarnos todos para hacer lo que ellos nunca harán.

Estuve hace un año y regresé hace dos días porque nunca me fui. Estoy. Estamos muchos, en presente, porque esto no es cosa de un día, se pueden desalojar plazas pero es imposible que nadie logre ya desalojar la certeza de que lo que hay se agotó y toca trabajar sin pausa en lo que habrá, porque otra democracia es posible y otra gestión de recursos y otra organización social y otra perspectiva global y otra vida también.

Estoy aquí, sin flauta ni rastas ni porro ni perro pero también sin peros y con ganas de estar, sólo me pregunto ya si para seguir aquí he de salir de allí o quedándome allí tendré más oportunidades de ayudar a los de aquí. Sólo sé que soy y estoy.




#15M #Estoy

PD: Va por ti Jean, porque también estás y charlar contigo es siempre inspirador.




lunes, 7 de mayo de 2012

Barbarismos y barbaridades

¿Vienen a civilizarnos?
Inmersos como estamos en una época en la que impera la barbarie social y nuestra realidad está adquiriendo tintes dramáticos, creo oportuno hacer un breve análisis a un nuevo léxico que ayer, o no existía o estaba en desuso y hoy imbuye nuestras vidas.

Cuando estalló la primera gran depresión del Siglo XXI, asumimos, por ejemplo, que el epíteto tóxico se identificase antes como un elemento descriptivo de ciertos activos financieros que como substancia nociva para la salud en caso de ingestión o contacto. Esto, sin duda, es un barbarismo ya que no se contempla acepción alguna que permita usar este término en este contexto pero lo grave no es la retórica, lo espinoso, lo que es una barbaridad, es utitilizar nuestro dinero y descapitalizar nuestro estado para salvar a todos aquellos bancos que tomaron decisiones incorrectas, a sabiendas de que lo eran, con el único objeto de lucrarse y estamos en camino de cometer el mismo error por segunda vez.

Hemos adoptado la palabra "copago" para definir algunas políticas de gestión del sistema sanitario público, nos encontramos de nuevo ante un barbarismo ya que que dicha palabra, sin la correspondiente separación por un guión, ni siquiera existe. Sin embargo la lengua es un elemento vivo y por lo tanto podemos perdonar la incorrección, lo imperdonable es que alguien pretenda hacernos abonar de nuevo un servicio que ya hemos pagado, eso es una auténtica barbaridad. Cierto es que ya nos habían acostumbrado a pagar doble ciertos servicios, hace años nos impusieron una tasa de basuras, nuestros mayores recuerdan aún cuando se impuso un IBI en el que venía desglosada la recogida de desechos, como aceptamos resignados ahora prueban nuevas formulas de saqueo. Esto me lleva a sugerir que puestos a incorporar nuevos "palabros" sería mucho más pertinente hablar a partir de hoy de "repago", define mucho mejor la situación.

Otras palabras conviven con nosotros desde hace tantas décadas que ya ni percibimos su maledicencia, es el caso del verbo "concertar" inexorablemente unido a nuestro sistema de educación pública, no sería un barbarismo si definiese la homogeneidad curricular de las escuelas públicas con las privadas pero, al no ser así, es simple y llanamente una barbaridad. Observo a dos niños de 4 años del mismo barrio y veo como uno, el que acude a un centro a cien metros de su casa, conoce al dedillo la obra y milagros del santón de turno, fundador de su cole, a quien agasaja con odas y cánticos mientras otro niño recorre cada mañana manzanas y manzanas para llegar a un colegio sin calefacción en el cual, por lo menos, tampoco le calentarán las meninges con una religión que no tiene por qué ser la suya. A mí, esto sólo me produce desconcierto, ambos centros sobreviven gracias a la contribución de nuestros ingresos, estudien nuestros hijos en ellos o no, otro ámbito por tanto en el que hablar de "repago" cobra sentido.

En los últimos tiempos nos incitan a contratar "seguros" médicos, curioso barbarismo ya aceptado como sinónimo de sociedad médica por nuestro diccionario. Recuerdo perfectamente cuando nuestros padres "se hicieron" de una sociedad médica y hablaban entre ellos con propiedad: "Me he hecho de X ¿tú de qué sociedad eres?". Por supuesto pertenecer a una sociedad privada sectorial de lo que se quiera forma parte de la libertad de cada cual. La barabaridad reside en que en nuestros días ya estamos convencidos de la inseguridad de la Seguridad Social y estamos en camino de sólo poder asegurar nuestra salud pagando triplemente: lo que pagamos porque sí, lo que nos van a cobrar de más y lo que invertimos en un sistema paralelo. Se presenta un saludable panorama idóneo para el brote de nuevas infecciones entre quienes no dispongan de recursos económicos, ya veremos quién se hace responsable cuando suceda, a ver quién es el primero en apresurarse a declarar que los inmigrantes traen enfermedades.

Obviaré otros barbarismos bárbaros más hilarantes y contradictorios pero una breve mención merecen algún oxímoron crediticio como conceder hipotecas a bienes inmuebles que no nos pertenecen para luego negar la dación en pago por no saldar el importe que nos entregaron u otros eufemismos laborales como los contratos fijos discontinuos, sólo falta que se imponga el salario parcial a tiempo completo, aquí ya todo es posible.

En definitiva, en muchas ocasiones los usos lingüísticos sirven de termómetro para medir la enfermedad que padecemos y la medicina aplicada pero en otras hemos visto que no significa nada, basta con observar la doctrina económica aplicada por las políticas socialistas de los últimos años. El socialismo, por cierto, recuperó ayer en Francia las riendas de la República, arrancó hablando de igualdad, justicia social, juventud, ecología y servicios públicos, bonita música para un nuevo tiempo. Sin embargo, como decía aquél, no son buenos tiempos para la lírica y el lirismo del socialismo ya no es suficiente, lo importante es regenerar su praxis y comenzar a marcar distancias claras con el liberalismo salvaje que nos trajo donde estamos, en caso contrario el sueño se convertirá en pesadilla, no olvidemos que el radicalismo aguarda agazapado nuestro fracaso.

 

PD: Tras publicar esto apareció nuestro presidente hablando de una inyección de dinero público a una entidad financiera. Otro barbarismo no contemplado por el DRAE, otra barbaridad no contemplada por el sentido común.