jueves, 14 de junio de 2012

¿Una tienda en Serrano?

Lafkir Kaziza
Cada día paso por la Calle Serrano de Madrid, la recorro tan veloz como me permite mi moto y la normativa municipal de tráfico, es la rutina previa a poder disfrutar de mis hijos la hora y media que me queda antes de que deban ir a la cama. Cada jornada laboral, acudo puntual (o no) a la singular peregrinación de esta extraña vida urbanita estructurada en tiempos compartimentados que nos toca vivir a los que aún conservamos nuestro puesto de trabajo. Absorto en mis pensamientos apenas dejo libertad a mi percepción para realizar una composición de lugar del entorno que me rodea salvo que tenga la fortuna de que un semáforo me ordene parar, entonces observo.

Eso sucedió hace unos días, me paré, observé y vi que allá por el número 188, entre las casas lujosas del único barrio de Madrid en el que el precio del metro cuadrado no ha sufrido ninguna modificación durante esta ya larga travesía del desierto, había un pequeño campamento saharaui improvisado. Supe que era saharaui por la bandera que lo adornaba y por la ubicación del enclave, justo frente a la opulenta embajada de Marruecos, enseguida concluí que si esas personas se encontraban ahí debía tratarse sin duda de algún tipo de reivindicación. Más tarde, cuando el semáforo me dio la salida deduje que el acto cívico de protesta podía estar relacionado con el secuestro masivo del pueblo saharui entre un muro de 2000 kilómetros y campos minados o al hacinamiento en Tinduf de 150.000 ciudadanos que han puesto tierra de por medio para protegerse de la furia Alauí. Para entendernos, 150.000 almas llenan dos Bernabéus, en este país o hablas en cristiano de fútbol o no te entiende ni dios, espero se me disculpen las ironías.

Los días siguientes seguí pasando de largo aunque ralenticé el ritmo para poder leer sus carteles y ver sus rostros, hasta ayer. Ayer pensé que si estos convecinos llevaban ahí tantos días debía ser por algo importante y que ese algo quizás mereciese la pena ser escuchado entonces me detuve, saludé, me presenté, pregunté y me invitaron a sentarme y menos mal que me senté. Allí varias persona de toda índole acompañaban a un joven que será el protagonista eventual de esta historia aunque en realidad lo sean todos, los que estaban, los que no, los ya fallecidos, los detenidos y todos los que apiñados entre minas y muro aguardan un incierto desenlace. Nosotros con nuestra complicidad probablemente sólo somos sus antagonistas.


Ayer conocí a Lafkir Kaziza un hombre de 21 años en huelga de hambre desde hace dos semanas en protesta por la detención arbitraria de sus compañeros y amigos por los cuerpos de inseguridad marroquíes. Un hombre que sólo desea saber por qué no puede ser saharui, por qué le han sometido a torturas, por qué si hay convenciones internacionales que rigen los derechos de asesinos nadie cumple los que protegen a los inocentes, por qué, en definitiva, no tiene los mismos derechos que yo. Un hombre que pone en riesgo su vida para salvar la de sus camaradas. Un hombre del que no había oído jamás hablar en ningún medio de comunicación a pesar de que según me dijo muchos periodistas han pasado a verle. Están ahí, frente a la casa de su agresor, frente a la puerta de su captor para preguntar pacíficamente - si no fuesen pacíficos habría policía - por qué y hasta cuando, sobre todo hasta cuando porque una vez esto termine ya no querrán ni saber los motivos de la ignominia, eso será cosa de tribunales. Están ahí para pedir un acuerdo de mínimos, conseguir que los apresados en las cargas de Gdeim Izik, nos remontamos a 2010, sean juzgados por el código civil y no militar para evitar una muerte segura. Curiosa paradoja la de pedir un juicio justo para quien no ha cometido ningún delito más allá de solicitar una libertad negada. Yo por mi cuenta, me limitaré a preguntar en su nombre, y lo haré no ya a Marruecos que no es muy proclive a responder nada, lo haré a nuestros mandatarios, a nuestras desunidas naciones ¿Por qué una vez más no hacemos nada? Quizá estéis tratando de ganar tiempo pero no tardéis porque el suyo se acaba, puestos a rescatar, he aquí otra nación que necesita nuestro rescate urgente.

Al igual que en Serrano hay algo más que tiendas y adinerados compradores, deberíamos descubrir que en el Sáhara hay mucho más que independentistas y supuestos terroristas. Podemos aborrecer los nacionalismos, las fronteras y las banderas pero nunca debemos olvidar que someter a alguien y obligar a que pertenezca a un lugar al que no pertenece y con el que no le une ningún lazo familiar, afectivo o cultural se llama secuestro y apartar a los disconformes se llamó apartheid, eso es lo que hace Marruecos levantando muros y minando campos. Sometidos desde el Siglo XV, conquistados y reconquistados pero nunca libres, nadie tiene derechos adquiridos sobre las tierras - por eso mutan las fronteras - pero mucho menos sobre sus habitantes. Los países no son más que uniones temporales de individuos basadas en el acuerdo tácito de buscar en conjunto un bien común que ayude a que tanto ellos como sus descendientes puedan crecer con garantías de paz y bienestar. Si el pueblo saharui se niega a pertenecer a ninguno de los países vecinos - con Mauritanía las relaciones no fueron mejores - es simplemente porque éstos no buscan confraternizar y repartir sus riquezas para ayudarles a construir un futuro mejor. Ellos, los invasores, lo único que quieren es expoliar sus tierras y masacrar a sus gentes porque geo-estratégicamente les resulta beneficioso o porque el ego de un mandatario cruel va en ello.

Conviene no olvidar además que Marruecos lo gobierna alguien que por sus raíces para muchos sigue siendo un extranjero, un Rey que cuelga sus fotos por doquier para que sus súbditos no olviden quien manda, un Rey que prefiere construir muros a escuelas. Para mí, en todo caso esa tierra siempre será Bereberia, y no sólo me refiero al Sáhara Occidental, sino a gran parte del sur de Marruecos y otros territorios también habitados por bereberes, un pueblo amable y hospitalario. Bereberia, un término que acuñó hace ya una década mi amigo Juan con quien durante un tiempo tuve el placer de compartir anhelos y vivencias, un amigo que siempre ha tenido claro que el nacionalismo cerril sólo se combate con cultura.



Lafkir está aquí, justo aquí, podemos parar y preguntar o seguir nuestro camino hacia una siesta perenne ya sólo interrumpida por alguna que otra fluctuación bursátil. Yo ya he conocido a Lafkir y no puedo abandonarlo, si queréis descubrir su historia no tenéis más que acudir mañana a las siete de la tarde a las puertas del Ministerio de Asuntos Exteriores, no es baladí, el 85% de las solicitudes de asilo político son denegadas, de no atender las demandas de Lafkir, él no necesitará juicio porque ya le habremos sentenciado.

Ayer no llegué a tiempo de disfrutar de mis hijos pero fue sólo un día, las madres de Lafkir y sus 22 compañeros no saben si podrán volver a disfrutar de los suyos, eso puede que en parte dependa de nuestra capacidad de parar, escuchar y alzar la voz.


Toda la información sobre su historia y su lucha en:
http://huelgakaziza.blogspot.com.es/
http://defiendealrefugiado.com/country/23/videos/huelga-de-hambre-de-lakfir-kaziza



PD: Dedicado, por supuesto, a Lafkir para que su lucha sea fructífera y sus demandas atendidas. Dedicado también a Alí, otro amigo del desierto con quien tuve la ocasión de compartir risas y utopías entre los muros de su hogar, un hogar que fugazmente también fue el mío.

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