viernes, 5 de octubre de 2012

Ella

¿Qué pensará Ella al mirar el horizonte?
"Muchacha en la ventana"
Salvador Dalí - 1925
No sé mucho de Ella pero sí lo suficiente.

Sé que acaba de cumplir 29 años, sé que abandonó su tierra natal, la República de Filipinas, hace por lo menos un lustro y sé que Ella es feliz regalando sonrisas a los demás. Aparte de esto, Ella es una persona culta, ve poco la televisión, navega mucho por Internet y devora libros en Inglés. Sí, sí, no os asustéis, devora libros en Inglés. Inglés, ese idioma bizarro, ese gran desconocido para muchos de los que hoy lean este artículo, esa lengua extraña para todos los presidentes del gobierno que hemos tenido. En Inglés, ella lee en inglés. Pero no contenta con eso, además habla tagalo, bastante español y algo de noruego.

Veréis, os cuento, resulta que cuando salió de su país, Ella estaba estudiando una carrera superior en Manila - no me preguntéis por la carrera, poco importa, sobre todo teniendo en cuenta que sólo el 8% de los españoles encuestados por el CIS disponen de una carrera superior - lo que le permitió solicitar un visado de estudiante en el país nórdico. Allí fue bien acogida, vivió con una familia amable que le permitió compatibilizar sus clases de noruego con el cuidado de los niños, digamos que en esa época podemos considerar que era au-pair, esa palabra tan chic, tan cosmopolita, tan occidental, tan alejada del típicamente hispánico chacha.

Ella estuvo algún tiempo en Oslo, poco importa cuánto, luego se dio cuenta, maldita sea la hora, de que ya estaba en Europa. Podía viajar libremente y así lo hizo, cogió sus maletas y volvió a migrar, lo hizo hacia el sur como un ave que busca el calor de latitudes con un clima más propicio. Pero Ella no volaba, tampoco podía hacerlo artificialmente, para entonces su visado de estudiante había caducado y pasar los controles para subir a un avión era un riesgo que no se podía permitir. Cuatro fronteras inexistentes después y no sé cuantos días en bus más tarde, llegó a España. Por fin España, la tierra prometida, el lugar dónde viven los escasos familiares y amigos que hace años se aventuraron como Ella. A pesar de que la mayoría de sus conocidos vivían en Barcelona, Ella decidió ir a Madrid, una ciudad acogedora en la que nadie es de ninguna parte, una ciudad en la que una joven valiente, emprendedora, aventurera, culta y alegre podría empezar una nueva vida. Y la empezó.

Ha pasado el tiempo, Ella sigue aquí y no tiene intención de irse. Ella sigue aquí porque quizá encontró una nueva familia, nuevos amigos, nuevas ilusiones y nuevas esperanzas. Ella sigue aquí a pesar de todo lo demás. A pesar de saber que retomar sus estudios será difícil y llevar a la práctica profesionalmente los que ya posee será improbable. Ella sospecha que a pesar de tener trabajo, vivienda y haber presentado todos los papeles necesarios en tiempo y forma, lo más seguro es que le denieguen el permiso de residencia. Ella es consciente de que no debe frecuentar aquellas plazas y barrios donde suelen reunirse sus compatriotas porque de vez en cuando se presenta una patrulla a solicitar unos papeles que nadie tiene. Ella ya ha descubierto que el aspecto físico en este país sí importa, que las deportaciones no son una leyenda y que si alguien le pregunta debe decir que es ciudadana china porque aquí no se trata igual a todas las personas, nuestra diplomacia y acuerdos comerciales dependen de la manga ancha que tengamos con algunas. Ella ya ha probado la medicina de la infamia, el mes pasado sus médicos le han comunicado que no pueden seguir tratando la "dolencia gástrica" que padece, por ahora se quedará sin saber si es hepatitis o alguna otra cosa sin importancia.

Ella tiene padres, hermanos, sueños, frustraciones, anhelos, amores. Ella tiene necesidades, se viste, come, bebe y cuando enferma necesita curarse e incluso medicarse. Ella paga impuestos ¿o es que todo lo anterior no está gravado? Ella conoce la historia de Toledo y su arquitectura mejor que la mayoría de los toledanos, Ella es capaz de cocinar gazpacho igual que la mayoría de los andaluces, Ella ha visitado más museos en Madrid que la mayoría de los madrileños, Ella ha viajado más por España que la mayoría de los españoles. Ella también tiene nombre propio y apellido pero no merece la pena revelarlo, para la mayoría sólo es una filipina, una filipina ilegal, qué más da cómo se llame.

Mas yo me pregunto: ¿Cómo puede ser una persona ilegal? ¿Acaso Ella no respira? ¿Acaso Ella no es sujeto de derecho por el simple hecho de nacer? ¿Acaso Ella no contribuye con su trabajo al correcto funcionamiento de la economía del país en que reside? ¿Acaso ha cometido algún crimen por el que haya que privarla de libertad? Pues por lo visto, en estos tiempos de demencia política que sufrimos, un feto cuya supervivencia es imposible fuera del vientre materno, un proyecto de persona que está aún a muchas semanas de serlo realmente, tiene más derechos que Ella a pesar de haber nacido hace casi tres décadas.

Ella sólo cometió un error, malinterpretar el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, creer que efectivamente estaba amparada por el derecho a salir de su país y regresar libremente, pero puede que el mayor error fuese pensar que nosotros no nos saltaríamos todos y cada uno de los demás artículos formulados en 1948. Ella se equivocó, somos humanos sí, pero tenemos por costumbre no respetarnos a nosotros mismos y omitir cualquier realidad que interrumpa el suave devenir de nuestra sedentaria existencia, en otras palabras, lo que a Ella le ocurra nos importa un pimiento porque bastante tenemos con lo nuestro.

Ella, al asomarse a la ventana, se preguntará si acertó al venir y sin embargo Ella permanecerá aquí, porque es persistente, porque regresar, aunque nos parezca mentira, sigue sin ser una opción y porque por ahora tiene lo fundamental para sobrevivir en tiempos de guerra, el amor de los que la rodean, especialmente el de unos críos ajenos que no se imaginan la vida sin Ella.

Muchos se preguntarán si esta fábula de inmigración, si la historia de Ella es real o ficticia, poco importa, lo único relevante es que su vida, nuestra vida, debería ser más sencilla y luchar por que lo sea no es una utopía sino una obligación moral.



PD: Dedicado a todos aquellos que legislan mirando gráficos y números sin pararse a pensar que tras cada cifra hay un ser humano. El maligno existe, sois vosotros, confesadlo sin pudor el próximo domingo. NO, esos no merecen una dedicatoria, mejor dedicar este artículo a Ellas (y algunos Ellos). Gracias por ocuparos de nuestros padres e hijos durante aquellos años de bonanza y disculpadnos la crueldad con la que hoy os tratamos, no sabemos lo que hacemos pero pronto lo descubriremos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario